La verdad es un estado perpetuo de incertidumbre, la verdad de uno no tiene por que ser inexorablemente la verdad de otro, sin embargo ambas deberían ser dichas en caso de consulta, son estas verdades las que nos definen, las que dicen quienes somos, fuimos y pretendemos ser.
A pesar de esto, existen ciertas situaciones donde la mentira es ineludible, si la enamorada de uno se encuentra un tanto obesa, ante la pregunta, la respuesta es siempre no.
Alejandro Pavlé, vivía en el Cuarto C, donde yo supe ser su vecino. Pavlé por el azar del destino, por orden celestial o infernal, siempre decía la verdad. El creía estar maldito y estar purgando culpas de vidas pasadas, y que por ese motivo llevaba esta maldición a cuesta.
Tuvo pocos amigos, de los cuales me enorgullezco al creer que fui uno de ellos, ya que nadie toleraba que le dijeran ante la consulta la simple y sincera verdad.
Recuerdo que Margarita, la hija del almacenero que vivía a la vuelta de casa, sentía una pasión desmedida y reprimida por el sincero Alejandro, hasta que un día no aguanto más y le preguntó-Disculpe que le moleste pero puedo hacerle una pregunta, ¿usted considera que soy la mas bonita?- Alejandro meditó y respondió-Para serle sincero Margarita, no creo que sea la mas bonita, pero….- ella salió corriendo y sollozando sin dejar que el le dijera, que a pesar de que podían existir mil personas mas bonitas, el estaba enamorado de ella. A la semana vimos como Margarita andaba a los besos con el Flaco Varela.
Pavlé perdió muchas cosas por ser sincero, y se lamentaba por eso, intentó una y otra vez de serle esquivo a su maldición, intentaba mentir con cosas pequeñas- ¿ de que color son las pantuflas?-azules- y para su descontento eran efectivamente azules.
Una tarde de Abril, el Gordo Erlich, lo apretó y le dijo si tenía algún problema con él y Pavlé le contestó que no, que ninguno. La verdad es que a Erlich ninguno lo toleraba.
Alejandro salió corriendo y yo atrás de el, después de un rato lo encontré sentado en un banco de la plaza sollozando y repitiendo-Puedo mentir, puedo mentir-
Alejandro en poco tiempo hizo amistades y tuvo romances fugaces, reconquistó a Margarita diciéndole que era la más hermosa mujer que en su vida había visto y salía de copas con el Gordo Erlich. Los compañeros de trabajo lo nombraron el empleado más simpático del mes y todos se sentían orgullosos de tenerlo de compañero.
Sin embargo, Pavlé poco a poco, dejo de concurrir a los lugares de siempre, iba al trabajo, volvía y permanecía en su Cuarto C, solo.
Me cruce a su departamento y toque la puerta, nadie me respondió, tanteé la puerta y entré. Estaba en una mecedora sollozando con un espejo en sus manos, no me dijo nada, tan solo me pidió que lo dejara solo.
Dos meses después Alejandro falleció, dijeron que una enfermedad lo había derrotado, yo se que fue la tristeza. Al velorio, concurrimos tres, ni Margarita ni Erlich estaban ahí.
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