Federico entró a la cantina y vio a su amigo llorando desconsoladamente sobre una mesa.
- ¿Qué te pasa?
- No sé si voy a soportar verla caminar por ese pasillo vestida de blanco.- Dice Gabriel, mientras se levanta de la mesa de un salto, y sale corriendo hacia afuera. Federico intenta seguirlo.
- Siempre supiste que iba a ser difícil, yo te lo dije.
- Ahora ya es tarde y no me ayuda que digas eso.
- No vayas a hacer ninguna locura.- Advierte Federico, mientras toma el hombro de Gabriel, intentando frenar su paso.
- Fueron dos años de compartir cosas y ahora no la voy a perder sin pelear. ¿Vos sabés lo que son dos años con una mina?-Federico no sabe qué responder.
- ¡Vamos hermano! La vida sigue.
- No para mí, no lo voy a poder soportar.- Su voz suena cortada por el llanto; camina como enajenado, mirando el piso. Su amigo intenta frenarlo pero es en vano.
- Pero,¿qué vas a hacer? ¿Estás loco?- Federico sigue intentando persuadirlo
- Lo que debí hacer en un primer momento: contarlo todo.
Había decidido ir a las autoridades a pedir ayuda y ya nada podía detenerlo.
- Dale Gabriel, mirá el papelón que estamos haciendo.
- ¡No me importa!, ya me cansé de buscar aprobación para lo que siento, que piensen lo que quieran.
Siguió caminando hasta llegar al lugar.
- Entrá en razón hermano. Te vas a meter en problemas si se enteran de todo.- advierte Federico, mientras sostiene con fuerza la mano se su amigo para impedir que golpeé la puerta.
- Ya lo saben, siempre lo supieron e hicieron como si no existiera.
Gabriel logra zafarse luego de forcejear con su amigo, golpea y entra, respirando hondo para contener el llanto. Federico pega su oreja contra la gruesa puerta de madera sin lograr escuchar la conversación.
- ¡Al amor no le importan las clases!- Gritó Gabriel, entre llantos, antes de abandonar aquel despacho, seguido de risas que avivaron su ira.
Corrió por el patio hasta un banco y se sentó, tomándose el rostro con sus manos. Federico corrió a abrazarlo.
- ¿Qué te dijeron?
- Se rieron de mí, me trataron como a un imbécil.- Grita entre llantos
- Bueno, mirà el lado positivo, el año que viene nosotros también pasamos a la escuela y ahí la vas a poder ver.
- Un año es mucho tiempo, la escuela está llena de otros niños y yo con esta túnica azul la voy a avergonzar. Nunca debí meterme con una mina grande.
Gabriel siguió llorando, Federico lo abrazaba.
martes, 6 de mayo de 2008
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