miércoles, 7 de mayo de 2008

La verdad es un estado perpetuo de incertidumbre, la verdad de uno no tiene por que ser inexorablemente la verdad de otro, sin embargo ambas deberían ser dichas en caso de consulta, son estas verdades las que nos definen, las que dicen quienes somos, fuimos y pretendemos ser.

A pesar de esto, existen ciertas situaciones donde la mentira es ineludible, si la enamorada de uno se encuentra un tanto obesa, ante la pregunta, la respuesta es siempre no.

Alejandro Pavlé, vivía en el Cuarto C, donde yo supe ser su vecino. Pavlé por el azar del destino, por orden celestial o infernal, siempre decía la verdad. El creía estar maldito y estar purgando culpas de vidas pasadas, y que por ese motivo llevaba esta maldición a cuesta.

Tuvo pocos amigos, de los cuales me enorgullezco al creer que fui uno de ellos, ya que nadie toleraba que le dijeran ante la consulta la simple y sincera verdad.

Recuerdo que Margarita, la hija del almacenero que vivía a la vuelta de casa, sentía una pasión desmedida y reprimida por el sincero Alejandro, hasta que un día no aguanto más y le preguntó-Disculpe que le moleste pero puedo hacerle una pregunta, ¿usted considera que soy la mas bonita?- Alejandro meditó y respondió-Para serle sincero Margarita, no creo que sea la mas bonita, pero….- ella salió corriendo y sollozando sin dejar que el le dijera, que a pesar de que podían existir mil personas mas bonitas, el estaba enamorado de ella. A la semana vimos como Margarita andaba a los besos con el Flaco Varela.

Pavlé perdió muchas cosas por ser sincero, y se lamentaba por eso, intentó una y otra vez de serle esquivo a su maldición, intentaba mentir con cosas pequeñas- ¿ de que color son las pantuflas?-azules- y para su descontento eran efectivamente azules.

Una tarde de Abril, el Gordo Erlich, lo apretó y le dijo si tenía algún problema con él y Pavlé le contestó que no, que ninguno. La verdad es que a Erlich ninguno lo toleraba.

Alejandro salió corriendo y yo atrás de el, después de un rato lo encontré sentado en un banco de la plaza sollozando y repitiendo-Puedo mentir, puedo mentir-

Alejandro en poco tiempo hizo amistades y tuvo romances fugaces, reconquistó a Margarita diciéndole que era la más hermosa mujer que en su vida había visto y salía de copas con el Gordo Erlich. Los compañeros de trabajo lo nombraron el empleado más simpático del mes y todos se sentían orgullosos de tenerlo de compañero.

Sin embargo, Pavlé poco a poco, dejo de concurrir a los lugares de siempre, iba al trabajo, volvía y permanecía en su Cuarto C, solo.

Me cruce a su departamento y toque la puerta, nadie me respondió, tanteé la puerta y entré. Estaba en una mecedora sollozando con un espejo en sus manos, no me dijo nada, tan solo me pidió que lo dejara solo.

Dos meses después Alejandro falleció, dijeron que una enfermedad lo había derrotado, yo se que fue la tristeza. Al velorio, concurrimos tres, ni Margarita ni Erlich estaban ahí.

Inquisición

Con estas palabras pretendo dejarte a ti un legado, no de respuestas, pero de intrigas; hoy es una noche igual a la que tu me lees, esto es, si no has cambiado el hábito de leer antes de dormir; talvez mis palabras te resuenen lejanas, como un eco que te busca a través de los años, pero se que mi voz te será familiar.

En esta noche cualquiera, digamos de agosto, te dejo la idea que me ha atormentado en los últimos días ¿que es realmente real?.

Recuerdo las palabras de Berkeley donde concluye que la realidad no exista sin una mente que la perciba,-”no es posible que existan fuera de la mente que las perciba”-.

Si la realidad es una percepción de la existencia, si la luz que me ilumina existe porque mi mente deja distinguir estas palabras en la oscuridad, me pregunto cuan real son todas las cosas.

El lápiz que encripta este mensaje no difiere de los gigantes que alguna vez el Quijote conquistó con hidalguía. La locura no es la imposibilidad de ver la realidad, sino el don o talvez la condena de vivir otra, diferente a la del resto, única, talvez utópica, pero sobre todas las cosas, real.

Chuang Tzu soñó que era una mariposa y al despertar no supo si era una mariposa que soñaba ser hombre o un hombre que había soñado ser mariposa.

Presumo que fue los dos, mariposa y hombre, hombre y mariposa; sin embargo, a esta idea la acosa una mas críptica, que repta dentro mió, apoderándose de mi;

Como descubro si estas palabras son un sueño o son real?, o peor aún, como descubro que estas palabras, mis inquisiciones, mi amor, mi esperanza, no es tan solo un sueño, Tu sueño???

martes, 6 de mayo de 2008

El Otro

La pesada noche hacia mas lento su andar, su cabeza gacha, sus brazos caídos, sus labios murmuraban algo ininteligible, en su mente, solo una idea.

Llego a la cima del monte, se detuvo frente a una gran roca, hincó sus rodillas en el piso y juntó sus manos en oración.

Una figura tomo forma en la oscura noche, El, sorprendido retrocedió. La figura se acercó lentamente, para descansar en la piedra.

-¿Quién eres?

-Tantos nombres he tenido, pero hoy, esta noche, llámame Lilith (Ver Isaias 34:14)

-¿A que has venido?

-Vengo a decirte en quien te convertirás, vengo a probarte que El, de ustedes, nada sabe, que tu sacrificio será en vano.

-El es mi padre, es el camino, y su voluntad debe ser hecha.

-Hijo, yo también fui su creación, su voluntad. No creas que nuestra existencia supera en mucho el antojo de un niño, que después, pierde interés y deja de lado, solo, aquello que alguna vez quiso.

-Yo….yo no debo creer eso, si bien no comprendo sus motivos, se que mañana descansaré a su lado. Con mis actos les concede la esperanza del perdón.

-Con tus actos les concede la esperanza del olvido!!!! , con este acto El demuestra el desapego que tiene por su propio hijo. Si a su propio hijo sacrifica, ¿porqué crees que el resto de ustedes importa?

Titubeó, intentó responder, ninguna palabra salio de boca, se arrodilló una vez mas sobre la piedra y retomó su oración.

Necio!!!!!, eso es lo que eres, pronto te darás cuenta de tu error, te dejo en paz, que se haga tu voluntad, recuerda que eres libre.

La figura desapareció en la noche, la soledad acarició a su víctima.

-Todas las cosas son á Ti posibles, traspasa de mí este trago amargo; pero si no es así, que no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Se levantó, su cuerpo se sintió más liviano, comenzó a bajar el monte, con el descenso su decisión se tornó firme. A la distancia pudo observar a El, a quien venía a buscar. Cruzó entre los discípulos, se acercó a El y le besó.

Entre los vivos su nombre fue Judas, esa misma noche, abrazó la cuerda.

Al amor no le importan las clases

Federico entró a la cantina y vio a su amigo llorando desconsoladamente sobre una mesa.
- ¿Qué te pasa?
- No sé si voy a soportar verla caminar por ese pasillo vestida de blanco.- Dice Gabriel, mientras se levanta de la mesa de un salto, y sale corriendo hacia afuera. Federico intenta seguirlo.
- Siempre supiste que iba a ser difícil, yo te lo dije.
- Ahora ya es tarde y no me ayuda que digas eso.
- No vayas a hacer ninguna locura.- Advierte Federico, mientras toma el hombro de Gabriel, intentando frenar su paso.
- Fueron dos años de compartir cosas y ahora no la voy a perder sin pelear. ¿Vos sabés lo que son dos años con una mina?-Federico no sabe qué responder.
- ¡Vamos hermano! La vida sigue.
- No para mí, no lo voy a poder soportar.- Su voz suena cortada por el llanto; camina como enajenado, mirando el piso. Su amigo intenta frenarlo pero es en vano.
- Pero,¿qué vas a hacer? ¿Estás loco?- Federico sigue intentando persuadirlo
- Lo que debí hacer en un primer momento: contarlo todo.
Había decidido ir a las autoridades a pedir ayuda y ya nada podía detenerlo.
- Dale Gabriel, mirá el papelón que estamos haciendo.
- ¡No me importa!, ya me cansé de buscar aprobación para lo que siento, que piensen lo que quieran.
Siguió caminando hasta llegar al lugar.
- Entrá en razón hermano. Te vas a meter en problemas si se enteran de todo.- advierte Federico, mientras sostiene con fuerza la mano se su amigo para impedir que golpeé la puerta.
- Ya lo saben, siempre lo supieron e hicieron como si no existiera.
Gabriel logra zafarse luego de forcejear con su amigo, golpea y entra, respirando hondo para contener el llanto. Federico pega su oreja contra la gruesa puerta de madera sin lograr escuchar la conversación.
- ¡Al amor no le importan las clases!- Gritó Gabriel, entre llantos, antes de abandonar aquel despacho, seguido de risas que avivaron su ira.
Corrió por el patio hasta un banco y se sentó, tomándose el rostro con sus manos. Federico corrió a abrazarlo.
- ¿Qué te dijeron?
- Se rieron de mí, me trataron como a un imbécil.- Grita entre llantos
- Bueno, mirà el lado positivo, el año que viene nosotros también pasamos a la escuela y ahí la vas a poder ver.
- Un año es mucho tiempo, la escuela está llena de otros niños y yo con esta túnica azul la voy a avergonzar. Nunca debí meterme con una mina grande.
Gabriel siguió llorando, Federico lo abrazaba.